El primero de enero Don Atilio despertó con las sábanas pegadas a la espalda por el calor recalcitrante del primero de enero.
El primero de enero Don Atilio tardó unos segundos en ubicarse en lugar y tiempo.
El primero de enero Don Atilio se incorporó de a poco.
El primero de enero Don Atilio recordó que era primero de enero.
El primero de Enero Don Atilio estuvo sentado en la cama un largo rato.
El primero de enero Don Atilio se quedó escuchando las aspas del ventilador haciendo tun… tun… tun… tun… tun…
El primero de enero Don Atilio olía a comida festiva y a alcohol ni muy caro ni muy barato.
El primero de enero Don Atilio pensó en sus planes: ninguno.
El primero de enero Don Atilio se levantó de la cama y se calzó las ojotas. Primero la izquierda, después la derecha.
El primero de enero Don Atilio se rascó el culo por encima del calzón.
El primero de enero Don Atilio atinó a ir al portón a buscar el diario.
El primero de enero Don Atilio recordó que los primeros de enero no hay tiras de diario.
El primero de enero Don Atilio chistó porque no hay tiras de diarios el primer día de enero.
El primero de enero Don Atilio pensó en que ninguna cosa que pueda dejar de funcionar por un día sin consecuencias es tan importante.
El primero de enero Don Atilio dio una vuelta sobre su eje, como un perro buscando dónde caer sentado.
El primero de enero Don Atilio fue a buscar su reposera de franjas azules y violetas al fondo de la casa.
El primero de enero Don Atilio tardó varios minutos en hacer veinte pasos de la pieza al fondo de la casa.
El primero de enero, mientras iba de la pieza al fondo de la casa, Don Atilio pensó: para qué.
El primero de enero Don Atilio agarró su reposera de franjas azules y violetas y se la cargó al hombro.
El primero de enero Don Atilio tardó varios minutos en hacer treinta pasos del fondo de la casa al patio.
El primero de enero Don Atilio llegó al patio y desenvolvió su reposera con delicadeza, como si se tratara de una flor violeta y azul.
El primero de enero Don Atilio se sentó sobre su reposera violeta y azul y tomó los últimos rayos de sol, como si él mismo se tratara de una flor que dura setenta y tres años.
El primero de enero Don Atilio murió, ni triste ni contento.
El segundo de enero salió la primera tira de diarios del año. Lo mismo de siempre.
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