cuando dijiste que estaban planeando mudarse
con tu nueva novia a mar de las pampas
todos hicimos silencio, yo quise
ir a esconderme abajo de la mesa como dicen
que hay que hacer cuando se precipita un sismo
pero en su lugar hice girar la copa
con el índice y el pulgar
mientras las chicas desmenuzaban las migas
de pan que había desperdigadas sobre el mantel
con las puntas de los dedos como piojitos
que estuvieran a punto de escaparse.
cazaste un cigarrillo del atado
el mismo marlboro rubio de siempre
(ya no hago como antes, que mojaba tus cigarrillos
para que no fumaras: ahora ya sé
cada uno se aferra a lo que tiene a mano
para no salir eyectado por el terremoto)
es más, yo empecé a fumar este último tiempo
vos no pudiste decirme nada
solo me preguntaste: ¿ahora fumás?
yo respondí que sí y ahí se terminó el asunto.
como decía, ya no hay lugar para los reproches
tu partida no significa un abandono
ni nuestros vicios transgresiones
somos familia pero también somos
un puñado de adultos que hacen lo que pueden
aunque en el fondo deseé que sí hubiese
lugar para el reproche o algo que denotara
que a pesar de todo
todavía sos nuestro padre
y nosotras tus hijas.
hicimos tanto silencio que solo se escuchaba
la carne crujiendo sobre la tablas de hierro
el pelo y las uñas creciéndonos en ese mismo instante
[ células muertas que no desisten
[ cosas que nacen
paradas sobre su lecho de muerte
y un temblor rajando el piso a nuestros pies
lentamente.
Deja un comentario